miércoles, 19 de noviembre de 2008

Apuesta personal #1: Oden, bienvenido

Cuando empecé a seguir esto del baloncesto, lo que se veía sobre el parquet era un poco diferente a lo que hoy en día nos ofrece este deporte. Un equipo lo conformaban bases, aleros y pivots, poco se sabía del término escolta o ala-pivot. Hace unos años, sería imposible ver hechos que hoy en día se ofrecen en la NBA, equipos que apenas poseen un pívot nato, un jugador que se encargue de postear y hacer daño bajo tableros, coger rebotes e intimidar en defensa. Por eso, ante tanto calor y arena en este desierto, se empieza a vislumbrar un oasis, Greg Oden.

Reconozco que siente debilidad por los pivots, los cincos natos. Si me pongo a buscar en la NBA se me vienen a la cabeza Dwight Howard, Yao Ming, Andrew Bynun, Shaquille O’Neal, Jermaine O’Neal, Emeka Okafor, Zydrunas Ilgauskas, Tyson Chandler, Eddy Curry, Nené, Marc Gasol, Andris Biedrins, Drew Gooden, Carlos Boozer y Ben Wallace. 15 pivots que pueden, por unos meritos u otros, destacar en la mejor liga del mundo, una lista en la que seguramente me falte alguno, pero en la que creo que ya he abierto mucho el abanico y metido a algun 4 reconvertido. A la misma hay que unir uno más debido a la aparición de un Greg Oden que con su sola presencia ya revive el tan importante puesto de cinco nato, pívot dominador.


Aunque por su apariencia demuestre lo contrario, este joven de 21 años llega a la NBA con un año de retraso. Mide 2,13 y pesa 114 kilos y fue elegido en el Draft de 2007 en la primera posición por Portland Trail Blazers, aunque una grave lesión le impidió jugar en toda la temporada pasada. Tras un comienzo empañado por un esguince de rodilla, hace apenas una semana volvió a las canchas y ya empieza a mostrar su potencial (esta pasada noche 22 puntos y 10 rebotes ante Biedrins).

El juego de Oden ha sido comparado con el de los grandes pivots de todos los tiempos y su imponente físico ha tenido un papel clave en el asunto. Aunque podría haber llegado antes a la NBA de no haber existido la ley que prohíbe dar el salto desde el High School, tiene una gran facilidad para correr el contraataque, y si es capaz de dejar de lado los problemas con las lesiones, será un referente a corto-medio plazo en la NBA. También destaca en defensa, tiene unos enormes brazos que le hacen pelear por cada uno de los rebotes en ambos tableros e intimidad a todo aquel que pasa por la zona.


Hago mí apuesta. Oden va a llegar muy lejos, y vamos a disfrutar viéndolo. Me declaro seguidor de Portland, ya lo era, pero desde el adiós del adorado y añorado Arvidas Sabonis había perdido el interés por este equipo. Además del sr Oden, del que ya hemos dicho mucho, Portland tiene a Brandon Roy, que ya demuestra que las enchufa, y de que manera. Rudy Fernández se está destapando como un jugador sólido e importante para su equipo. Steve Blake, Joel Przybilla y Travis Outlaw ya han demostrado de que son capaces, y está Sergio Rodríguez, que aunque no es santo de mi devoción, es español y cada vez goza de más confianza y cumple. Hay más, y hará que todo sea mejor. Son jóvenes, por lo que habrá que estar pendiente del potencial de los Trail Blazers.

Os dejo un video de este gran tipo:




Y éste en época universitaria, no hace mucho, pero ya daba miedo:


jueves, 13 de noviembre de 2008

Howard, la bestia

Siento la falta de originalidad en el título del post, pero pocos adjetivos se adecuan mejor a la naturaleza genética de Howard. La NBA tiene estas cosas. Engloba en la Liga a lo más delicado y a lo más contundente, al fino tirador y al especialista defensivo. Desde Bruce Bowen a Baron Davis.

Howard es un armario empotrado que domina las zonas como mi madre la cocina. 211 centímetros de ébano pulidos en un cuerpo desproporcionado de cabeza pequeña y torso gigantesco. Pero no hay que engañarse. Muchos jugadores cargados con un físico monumental han caído en desgracia gracias a muchos especialistas que no pueden ver calidad más allá del músculo, de la fibra armada que dejó patente en el pasado All-Star, cuando se disfrazó de Superman y reventó el aro, una de sus aficiones. Ayer cogió a la franquicia de Kevin Durant y la dejó tiritando: 30 puntos, 19 rebotes, 10 tapones, 3 asistencias. Un paso más en su camino hacia la historia de la NBA. Y tiene 23 años, repito, 23.

Poco más de puede añadir. Da igual que tenga unos porcentajes horribles desde la línea de tiros libres. En una noche en la que Chris Paul, Wade, Bosh y Pierce (vaya cuatro) se fueron a más de 30 puntos, Howard encendió a los Thunder (o sea, a los Sonics) con una actuación memorable. De él en gran parte dependerá el éxito de Orlando, aunque también se espera un paso adelante de Turkoglu y Rashard Lewis. Seamos justos con la bestia, no se vaya a enfadar…

Hall of Fame:

- Esa máquina de noticias llamada Lebron James en Halloween y con la novia de Hamilton.
- El pique entre Garnett y Calderón
- Dios bendiga el baloncesto: el final del Portland-Houston
- Las 10 mejores jugadas de la semana

lunes, 10 de noviembre de 2008

"El regalo de una leyenda", por Andrés Armero

Sus apenas 94.000 habitantes que se reparten entre 4 míseros códigos postales nos dan una ligera idea del lugar sobre el cual ponemos hoy nuestra lupa. No es ni por asomo una de las ciudades más fastuosas e impactantes que vas a conocer a lo largo de tu vida. Es más, no se jacta de tener grandes edificios, ni modernas instalaciones, ni impresionantes avenidas, ni un mar que le dé abrigo o la camufle. No alberga museos, teatros o cines de gran postín y entre los que pasean por sus calles bajo un cielo enfadado, eternamente amenazador, posiblemente jamás llegues a reconocer a algún premio Nobel o a alguna medalla Fields. Visítala durante unas horas y volverás a tu casa indiferente. Hazlo unos días y a buen seguro te sentirás reconfortado. Pero ten la fortuna de permanecer en ella un tiempo de tu vida y te garantizo que la llevarás grabada a fuego en tu piel, para siempre. Todavía cuando estoy lejos y escucho su nombre se eriza mi vello, cuando la menciono su lluvia acude puntualmente a la llamada de mis ojos, y cuando de verdad la siento, los relojes se esconden, y sólo soy capaz de ver una cosa, su corazón, el enorme corazón de mi ciudad: Lugo.

El baloncesto tiene la obligación moral de apearse al otear su vetusta estación de tren. Pues desde la modestia más absoluta, una afición entendida como pocas, le ha rendido tributo con fidelidad y fervor. Tras muchos años de simbiosis, el baloncesto y Lugo firmaron un pacto hace 42 años. Hoy recordaremos como la ciudad le regaló a todo un país, la posibilidad de acariciar a una leyenda.

La muralla romana, santo y seña de la ciudad, se abre al mundo a través de diez puertas plagadas de historia y sabiduría popular. Un día me planteé la siguiente cuestión: si tuviese que escoger una decena de guerreros que salvaguardasen los accesos a las entrañas de mi ciudad, ¿a quiénes se lo encomendaría?

Y entonces comencé a recitar: Claude Riley, Manel Sánchez, Tito Díaz, Jimmy Wright, Ken Orange, George Singleton, Devin Davis, Tanoka Beard, Pete Mickael y Charlie Bell; acudieron con rapidez a mi memoria.

Pero luego continué reflexionando, ¿por qué no Kenny Green, Anthony Booner, Nicola Lonchar, Juanmi Alonso, José Manuel Cabezudo, Greg Foster, Carlos Gil, Oscar Peña, Tharon Mayes o Mike Giomi…?.

Estoy convencido que existirían tantas decenas de dignos gladiadores como decenas de personas viven en esta histórica colonia del basket nacional. Cualquier debate que se suscitase en torno a ello, sería lógico y necesario.

Pero, demos un paso más… ¿y si un lucense tuviese que confiar la supervivencia de su pueblo, de su raza y de su historia a una sola persona?

Entonces los debates se cerrarían, los micrófonos se bajarían y todos los ciudadanos, desde los más niños hasta los más veteranos, moverían sus dedos en una misma dirección, hacia una misma referencia: Velimir Perasovic.



Nombrar Split es mentar un templo sagrado donde se rinde pleitesía a un baloncesto sin aditivos. Acercarte a Split es hacerlo a las raíces, a la esencia, a los fundamentos, de este sagrado deporte. Los oídos de esta ciudad sólo están educados para escuchar sinfonías celestiales y sus intérpretes expandieron por todo el mundo una filosofía de vida: el baloncesto en estado puro.

Lugo tuvo la impagable fortuna de recibir a uno de sus principales embajadores. Peras representaba la elegancia del deporte fuera y dentro de la cancha. Él pertenece a esa raza en peligro constante de extinción, la cual todavía cobra aliento merced a partos espontáneos de los benditos Balcanes. No era ni el más alto ni el más fuerte, ni el más veloz ni el que más salto tenía, pero Peras dignificó este deporte, demostrando que aún así se podía ser el mejor. Estaba tocado por esa varita mágica de la extinta Yugoslavia, la cual repartió 3 batutas en unos años: una le fue asignada a Toni Kukoc, otra le fue ofrecida a Dejan Bodiroga, pero había una tercera reservada para ti, Velimir.

Hacía mejores a sus compañeros, leía los partidos como sólo un puñado de privilegiados los leen. Su capacidad de concentración le hacía parecer una máquina tomando las decisiones adecuadas en los momentos oportunos; su belleza y plasticidad sobre la cancha le hacían parecer un músico solfeando sobre el parqué. Su mecánica de tiro prevalecerá incluso más allá del propio baloncesto, su fiabilidad y seguridad hacían que los suyos nunca perdiesen la el norte, aunque sus propias vidas pendiesen inmisericórdemente de un hilo.

Representa la autoexigencia, el espíritu de sacrificio llevado a la máxima expresión. Tras cada entrenamiento lanzaba a canasta desde todos los rincones del pabellón, desde todos los ángulos. Un empleado del club tenía la gracia de presenciar en primera fila una obra de teatro por los que muchos niños hubiésemos dado toda nuestra infancia. No cesaba hasta llegar a unos porcentajes de tiro a los que el 99,8% de los profesionales actuales no aspiraría ni lanzando desde el tiro libre a una canasta de minibasket. Todos sus entrenadores lo definen como el mejor profesional jamás visto en una cancha. Él demostró la ecuación trabajo + trabajo = resultados; luchando con pequeños y poderosos, con humildad y sobriedad, pero siempre con una determinación digna de los mejores cirujanos de la antigua Grecia.

En un mundo donde los deportistas se escudan tras la armadura de “la brevedad de sus vidas deportivas”, él siempre se movió por sentimientos, siempre actuó de corazón. Por ello no debería ser juzgado por su palmarés porque él no es uno más ni es uno cualquiera; sino desde el espectro de las sensaciones. Su figura, una extraordinaria mezcla de razón y corazón, deslumbró a Europa y un buen día decidió entrar por una puerta de mi muralla.

martes, 4 de noviembre de 2008

¿La última oportunidad para Iverson?

Lo reconozco, Allen Ezail Iverson es una de mis grandes debilidades en la NBA. Desde sus comienzos en los Philadelphia 76ers allá por 1996 cuando fue elegido en el primer puesto del Draft, procedente de los Georgetown Hoyas, hasta no hace mucho cuando se marchó a los Denver Nuggets en busca de esa última oportunidad para hacerse con el anillo, he disfrutado de cada una de las acciones de este jugón.

Iverson es un tipo especial, y no lo digo por sus continuas broncas o por aquel disco de rap, titulado 40 Bars, que no llegó a publicar por el contenido de sus letras. Él sólo fue capaz de llevar a Philadelphia a la Final de la NBA en 2001, año en el que fue MVP de la temporada regular y del All-Star Game, aunque Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O'Neal les privó del título. Rookie del año e integrante del mejor quinteto de novatos en 1996, siempre ha sido un jugador que ha creado amor y odio a partes iguales. El porcentaje anotador a lo largo de su carrera es el tercer mejor de la historia de la NBA (27.8 puntos por partido), superado únicamente por Michael Jordan y Wilt Chamberlain, aunque otros lo pueden justificar en que se tira hasta las zapatillas.



Bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, entre sus grandes ‘perlas’ está ese crossover que le hizo a Michael Jordan en su año de novato. Iverson ha sido elegido para disputar como titular el All-Star Game siete temporadas consecutivas y ha sido votado también en siete ocasiones en los mejores quintetos de la temporada. Todo esto le valió para irse a Denver con galones de megaestrella.

En Denver palpó de primera mano la dureza del oeste, y a pesar de compartir equipo con otra estrella, menor, como Carmelo Anthony, no fueron capaces de llevar a los Nuggets a cotas altas que se les podían presuponer. Ahora ha dado un paso más marchándose a los Detroit Pistons, aunque a pesar de sus 33 años, no será el último, ya que en 2009 acaba contrato y firmará su último gran contrato otro. Iverson jugará a partir de ahora en la ciudad del Motor y del sonido Motown, a cambio de Chauncey Billups, Antonio McDyess y Cheikh Samb, que pasaran a formar parte de Denver. El cambio puede ser más o menos discutido, lo que está claro es que los Pistons buscaban ese ‘algo’ que les pueda hacer especial, que les produzca ese extra de cara a esa futura final de conferencia ante Boston si Cleveland y Orlando lo permiten.


Por su parte, Iverson, hace una de sus últimas apuestas por el ansiado anillo. Formará en Detroit uno de los mejores tríos exteriores de la liga junto a Richard Hamilton y Tayshaun Prince, con la ayuda bajo los tableros de Sheed Wallace. Desde mi punto de vista, principal causante de que el comisionado David Stern estableció un código de vestimenta, este ‘grande’ como es Iverson tiene ante sí un gran reto. Creo que este año nos vamos a divertir, y ahora, ya no sólo confío en Boston para que sea, otra vez capaz, de llevar el título para el este.

Además de las dos fotos que podéis ver arriba donde se resume parte de la vida en la NBA de Iverson, os dejo a continuación un video 'remix' con algunos de sus mejores crossover, comenzando por el mítico que le hizo a Michael Jordan:

lunes, 3 de noviembre de 2008

El fantasma de Sam Bowie

Oregón es un estado discreto. El océano Pacífico baña la costa y su economía se basa en la industria maderera. Su superficie es la mitad del territorio español, pero la población es de sólo cuatro millones de habitantes. Poco más se puede destacar de este estado, salvo que acogió el rodaje de Los Goonies y que sus tierras vieron nacer a Matt Groening, creador de Los Simpson. En la actualidad y desde una visión global, su equipo de la NBA, los Trail Brazers, sobrevive en el salvaje Oeste con una de las plantillas más excitantes que se recuerdan, aunque supeditada a la evolución de sus jóvenes jugadores. Roy, Aldridge, Rudy, Oden simbolizan a la nueva NBA, moderna, reluciente y preparada, pero también serán los que en unos años vista tengan que acabar con un trauma histórico más en boga que nunca con la lesión de Oden: fulminar el fantasma de Sam Bowie, algo que la generación de Clyde Drexler y Terry Porter nunca logró. Eso y de paso reeditar el anillo de 1977.

Sam Bowie puede que haya soportado sobre sus hombros la mayor presión sometida jamás sobre un jugador de baloncesto: ser elegido en el Draft de 1984 por delante de Michael Jordan. En aquella noche histórica para el baloncesto se dieron cita los mejores jugadores nunca vistos en un mismo draft (Olajuwon, Jordan, Sam Perkins, Charles Barkley, John Stockton o Alvin Robertson). La primera elección fue de los Rockets, que no dudaron y escogieron como estaba previsto a Olajuwon, mito de la Universidad de Houston. La bomba detonó a continuación. Portland, con la segunda elección, optó por Sam Bowie y dejó que Chicago se llevara a un tal Michael Jordan. El resto de la historia es evidente para la creación de esta maldición. Bowie fue un discreto jugador lastrado por las lesiones mientras que Michael Jordan pasó a los altares del deporte.



Durante la década de los ochenta el equipo deambuló por la Liga aprovechando hasta las migajas el equipo campeón de 1977, con la leyenda Bill Walton a la cabeza, pero el equipo despertó en 1990 alcanzando la final de la NBA ante los Pistons. Eran los tiempos de Clyde Drexler, Terry Porter, Drazen Petrovic, Kevin Duckworth, Jerome Kersey o Buck Williams, un bloque de hormigón al que era muy complicado meter mano. Pero los Bad Boys de Isiah Thomas y compañía fueron demasiado para ellos. Lo volvieron a intentar dos años después, pero esta vez fue el destino el que les castigó y, paradojas de la vida, cayeron ante los Bulls de Michael Jordan, el número 3 del Draft de 1984.

Las mejores jugadas de la final contra los Pistons




Las mejores jugadas de la final contra los Bulls



A partir de entonces, el desierto, los problemas. Rasheed Wallace, Rod Strickland, Demon Stoudamire, Zach Randolph y Bonzy Wells entre muchos otros deambularon por una franquicia en la que sólo Sabonis puso alto el listón. Ahora la ilusión ha vuelto a los bosques de Oregón. La nueva generación, representada por Brandon Roy, LaMarcus Aldridge, Rudy Fernández o Greg Oden, es la señalada para derrumbar la muralla que no pudo tirar Clyde Drexler y que un día construyó el fantasma de Sam Bowie.

Más vídeos:

- ¿Por qué Lebron James nunca será el mejor?
- La misma comparación con Jordan (contextualizo: le pica John Starks, de New York, a tirar un tiro libre con los ojos cerrados). Obviamente, sobra decir si la mete o no.
- Las diez mejores de la semana