

Os dejo un video de este gran tipo:
Y éste en época universitaria, no hace mucho, pero ya daba miedo:


Poco más de puede añadir. Da igual que tenga unos porcentajes horribles desde la línea de tiros libres. En una noche en la que Chris Paul, Wade, Bosh y Pierce (vaya cuatro) se fueron a más de 30 puntos, Howard encendió a los Thunder (o sea, a los Sonics) con una actuación memorable. De él en gran parte dependerá el éxito de Orlando, aunque también se espera un paso adelante de Turkoglu y Rashard Lewis. Seamos justos con la bestia, no se vaya a enfadar…
Hall of Fame:
- Esa máquina de noticias llamada Lebron James en Halloween y con la novia de Hamilton.
Nombrar Split es mentar un templo sagrado donde se rinde pleitesía a un baloncesto sin aditivos. Acercarte a Split es hacerlo a las raíces, a la esencia, a los fundamentos, de este sagrado deporte. Los oídos de esta ciudad sólo están educados para escuchar sinfonías celestiales y sus intérpretes expandieron por todo el mundo una filosofía de vida: el baloncesto en estado puro.
Lugo tuvo la impagable fortuna de recibir a uno de sus principales embajadores. Peras representaba la elegancia del deporte fuera y dentro de la cancha. Él pertenece a esa raza en peligro constante de extinción, la cual todavía cobra aliento merced a partos espontáneos de los benditos Balcanes. No era ni el más alto ni el más fuerte, ni el más veloz ni el que más salto tenía, pero Peras dignificó este deporte, demostrando que aún así se podía ser el mejor. Estaba tocado por esa varita mágica de la extinta Yugoslavia, la cual repartió 3 batutas en unos años: una le fue asignada a Toni Kukoc, otra le fue ofrecida a Dejan Bodiroga, pero había una tercera reservada para ti, Velimir.
Hacía mejores a sus compañeros, leía los partidos como sólo un puñado de privilegiados los leen. Su capacidad de concentración le hacía parecer una máquina tomando las decisiones adecuadas en los momentos oportunos; su belleza y plasticidad sobre la cancha le hacían parecer un músico solfeando sobre el parqué. Su mecánica de tiro prevalecerá incluso más allá del propio baloncesto, su fiabilidad y seguridad hacían que los suyos nunca perdiesen la el norte, aunque sus propias vidas pendiesen inmisericórdemente de un hilo.
Representa la autoexigencia, el espíritu de sacrificio llevado a la máxima expresión. Tras cada entrenamiento lanzaba a canasta desde todos los rincones del pabellón, desde todos los ángulos. Un empleado del club tenía la gracia de presenciar en primera fila una obra de teatro por los que muchos niños hubiésemos dado toda nuestra infancia. No cesaba hasta llegar a unos porcentajes de tiro a los que el 99,8% de los profesionales actuales no aspiraría ni lanzando desde el tiro libre a una canasta de minibasket. Todos sus entrenadores lo definen como el mejor profesional jamás visto en una cancha. Él demostró la ecuación trabajo + trabajo = resultados; luchando con pequeños y poderosos, con humildad y sobriedad, pero siempre con una determinación digna de los mejores cirujanos de la antigua Grecia.
En un mundo donde los deportistas se escudan tras la armadura de “la brevedad de sus vidas deportivas”, él siempre se movió por sentimientos, siempre actuó de corazón. Por ello no debería ser juzgado por su palmarés porque él no es uno más ni es uno cualquiera; sino desde el espectro de las sensaciones. Su figura, una extraordinaria mezcla de razón y corazón, deslumbró a Europa y un buen día decidió entrar por una puerta de mi muralla.

